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Ositos de cromagnon Por Lic. Cristina Canen
Sin embargo, desde un enfoque psicológico podríamos decir, simplemente, que no sería lo aconsejable. Los adultos recordamos nuestra época adolescente como una etapa alegre, de pocas responsabilidades, compartida con amigos del barrio y compañeros de colegio. Nos quedamos con el paisaje soleado y nos olvidamos que entre sol y sol pasábamos "terribles tormentas"; claro que "todo tiempo pasado fue mejor". ¿Recuerda Ud. cuando quería integrarse a los chicos que jugaban al fútbol en la playa y no sabía cómo preguntarles si podía entrar al juego? Seguramente hoy le parece sencillo y podría decirle a su hijo que no se haga problemas, que Ud. comprende, que tan sólo debe acercarse y preguntar si lo dejan jugar. Pues bien, esto es lo que consideramos una ayuda eficaz, pero los resultados suelen ser nulos.
Esta disparidad puede ejemplificarse de distintos modos: a) los otros chicos aún tienen cuerpos infantiles y en ella han comenzado a perfilarse las formas de mujer b) un muchacho al que le cambió la voz y pegó el estirón pero entre los amigos parece un gigante a contramano, o a la inversa c) una niña delgadísima con rasgos infantiles aún se siente apartada de los compañeros que han pasado a medir el doble de su estatura con los consecuentes cambios en la forma de vestirse y de relacionarse con otros. Esas son algunas de las tantas situaciones que pueden dejar a un jovencito sin pares con quienes relacionarse. Ustedes podrán decir "bueno, este es el momento exacto donde nos toca la entrada a los padres". No. Justamente esta es la dificultad, ya que el chico está intentando hacer un corte entre aquellos años en los que los padres eran "casi todo" para él, a este otro momento en el que "hay que arreglárselas sin ellos", por lo menos para algunas cuestiones.
Con los papás no y con los pares tampoco. Es un dilema de difícil resolución. Además está la televisión como una golosina visual que por un momento disuelve lo amargo de la vida y que como medio de comunicación sustituye ilusoriamente esa otra falta de comunicación. Ante la ausencia de ese código compartido con los muchachos de su misma edad que da un marco de referencia propio, se recluye y apela a la TV más de lo frecuente (pues la TV es una herramienta que los adolescentes usan en la búsqueda de modelos identificatorios). La eficacia de este uso depende de que el joven no termine convirtiéndose en un espectador pasivo, que sólo espera ser elegido. |
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